Cuando se tiene el diagnóstico de diabetes, hay una serie de emociones y pensamientos que se movilizan. En qué dirección lo hacen, determinará qué tanto se adquiere el compromiso de adherirse al tratamiento.
Es aquí donde entra la psicología : o se acepta y se enfrenta la situación, o se huye de ella. ¿de qué depende?
Depende del manejo de creencias y emociones. Por ejemplo, ante la situación «alto nivel del glucosa», se puede pensar «nunca conseguiré controlarla» y lo que se sentirá será tristeza o enojo, y ante ese sentimiento la acción será «abandonar o no hacer nada». Pero si por el contrario, ante la misma situación, se piensa » reducir mi consumo de azúcar no es un castigo, es un plan de alimentación saludable» o «mis esfuerzos me traerán beneficios», el sentimiento que se despertará será de optimismo, satisfacción, y por tanto, la acción a seguir será «evitar productos con alto nivel glicémico».
Esto es válido también cuando hablamos de prevención.
Se puede elegir: me cuido y autorregulo, o me dejo derrotar por mis creencias erróneas.
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